Los médicos dijeron que había sufrido una conmoción cerebral.
La directora comenzó a llorar con más fuerza.
—Isabella dejó instrucciones para proteger a su hija. Pero alguien cambió los expedientes.
Dante dio un paso hacia ella.
—¿Dónde está la niña?
La mujer levantó lentamente la mano y me señaló.
—La bebé no fue la única persona cuya identidad cambiaron aquella noche.
Orión apoyó su cabeza contra mi vientre.
Y la directora susurró:
—Olivia, el nombre que aparece en su certificado de nacimiento no es el suyo.
Dante me miró horrorizado.
Entonces la mujer sacó una fotografía de una niña pequeña abrazada a un cachorro negro.
Era Orión.
Y la niña tenía mi rostro.
En el reverso aparecía una fecha de hacía veintidós años.
Debajo, una inscripción:
“Isabella y Olivia Moretti. Mis dos hijas”.
Dante dejó caer la
