—Olivia Marshall, sé que está ahí.
Reconocí inmediatamente aquella voz.
Era la directora del hospital donde había trabajado.
La misma mujer que me despidió después de acusarme de perder documentos médicos.
Dante abrió ligeramente la puerta.
La mujer estaba pálida.
—Señor Moretti… gracias a Dios que la encontré.
—¿Qué quiere?
Ella miró a Orión y comenzó a llorar.
—Su hermana no murió aquella noche por las heridas.
Dante se quedó completamente inmóvil.
—Explíquese.
La mujer tragó saliva.
—Isabella dio a luz antes de morir.
Sentí que el corazón me golpeaba violentamente.
—¿Un bebé?
La directora asintió.
—Una niña.
Dante se apoyó contra la pared.
—¿Dónde está mi sobrina?
La mujer me miró directamente.
Y entonces pronunció las palabras que hicieron que mis piernas dejaran de sostenerme.
—Olivia, ¿nunca se preguntó por qué perdió la memoria durante seis semanas después de aquel accidente?
Me quedé helada.
Hacía
