Me llevé una mano a la boca.
—¿Y la llave?
Dante examinó el pequeño objeto.
—Pertenece a una caja de seguridad privada.
Entonces encontró algo escrito al reverso de la carta.
Una frase dirigida a mí.
“Para la muchacha que me sostuvo la mano cuando todos los demás me abandonaron”.
Sentí que las lágrimas llenaban mis ojos.
Dante leyó la siguiente línea.
“Olivia, si alguna vez encuentras a mi hermano, dile que no todos los monstruos viven fuera de nuestra casa”.
Permanecimos en silencio.
Después apareció una última frase.
“Y dile que proteja a la niña”.
Dante levantó bruscamente la cabeza.
—¿Qué niña?
Negué lentamente.
—No lo sé.
En ese instante Orión comenzó a gruñir.
Su cuerpo se colocó entre nosotros y la puerta.
Alguien acababa de detenerse en el pasillo.
Dante hizo una señal a sus guardaespaldas.
Entonces escuchamos tres golpes.
Una voz femenina habló
